El caminante quedó con rumbo norte
siguiendo la huella de su aroma,
porque en sus ojos se llevó un poco de su mar,
él extraña su mirada pura e inocente
para calmar el repicar de su manto furioso.
Las miradas atraviesan su espeso sentir,
convirtiendo su mentira en la verdad,
desnudando el alma del caminante
que en su solitaria vigilia
no comprende la pobreza de su existir.
eleva una plegaria como tantas otras veces,
pensando que en el futuro
no será el remordimiento parte de su andar.
sigue siendo el abismo en el fondo mortuorio,
sigue siendo la oscura noche sin luna.
un rasante golpe le desprende la sien,
le descarna los ojos cansados,
tantos de ver la suerte escurridiza, burlona y hechicera
que la quita de su andar, el amor soñado,
la mano amiga, el amanecer de un sueño.










